El amor y el odio son las pasiones que mueven el mundo. Escribir sobre ellas es mi pasión, sólo espero que leer mis palabras sea la tuya.
Clara.

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martes, 11 de diciembre de 2012

CUENTOS DE AMOR, DESAMOR Y OTROS MALES -LUPE

LUPE

Absorta miraba por la ventana. El día era cálido y radiante; ni una sola nube empañaba el cielo. La gente paseaba por la calle y los niños jugaban en el parque. Lupe suspiró y volvió al trabajo. Tenía una montaña de trabajo sobre la mesa. Trabajó duramente y a las tres observó con satisfacción que casi había terminado toda su tarea. Se levantó, cogió su bolso, se despidió de sus compañeros y salió a la calle. Los rayos de sol acariciaron su rostro y después de muchas horas volvió a sentirse viva. Odiaba con todas sus fuerzas su trabajo ¡era absurdo,ridículo e irrelevante! ¡No producía nada! Y lo peor era que sabía que estaba condenada a él de por vida. Se paró en seco y dejó que los rayos de sol acariciaran su rostro ¿y si lo hacía? ¿y si lo dejaba todo e iniciaba una nueva vida? Una sonrisa amarga se dibujó en su rostro ¿dejarlo todo? A fin de cuentas lo único que la ataba a la ciudad era su trabajo: ni amigos, ni familia, ni pareja... solo un trabajo que la asfixiaba y del que sabía no tenía escapatoria. Siguió paseando y pensando si sería capaz ¿podría dejar la seguridad y la estabilidad que con tanto esfuerzo había conseguido y cambiarla por algo que la hiciera sentirse viva y feliz?
Durmió del tirón toda la noche. A la mañana siguiente se dirigió resuelta al departamento de personal y ante la incredulidad de todos solicitó una excedencia voluntaria. Sabía que no había marcha atrás, que nunca ya regresaría, que nunca volvería a ser admitida y sin embargo se sentía tan viva ¡y tan asustada! El resto de semana se le pasó en un suspiro y el viernes la sorprendió sin saber exactamente qué iba a hacer con su vida.
El sábado por primera vez en mucho tiempo se despertó contenta y con ganas de vivir. Desayunó con apetito, hizo las maletas y las cargó en el coche. Cerró la casa y sintió que se cerraba un capítulo en su vida.
Cogió el coche y condujo sin rumbo hasta salir de la ciudad. Tomó las rutas menos concurridas y sólo paró cuando sintió hambre.
Aparcó en el primer lugar que vio libre y decidió inspeccionar un poco la zona. Era un pueblo pequeño y agradable, se veía que vivía del turismo y estaban en plena temporada. Por todas partes se veían personas aquí y allá con el aspecto de alegre despreocupación que siempre tienen los veraneantes. Siguió caminando y en la pintoresca plaza del pueblo descubrió un bonito restaurante que llamó su atención. Estaban ocupadas todas las mesas, no así la barra así que hacia allí se encaminó. Un guapo y atento camarero rápidamente la atendió.
-¿Qué te pongo guapa?
¿Guapa? ¿Cuánto tiempo hacía que nadie la había llamado guapa? Miró su reflejo en el espejo que había tras la barra y observó el cambio que se había producido en ella. Ya no era la persona gris y anodina que dejaba pasar la vida en la ciudad ahora había algo en ella que gritaba que era una persona con ilusiones, con vida...
-¿Quieres que te ponga algo, no? -el camarero comenzaba a impacientarse ¡tenía tanto trabajo!
-Disculpa -y le sonrió con toda su alma. -Ponme una caña y un par de tapas, las dejo a tu elección.
-¡Marchando!
Observó con atención el pequeño pero encantador local. Decidió que le gustaba, estaba en paz consigo misma, se sentía tranquila y relajada...
¡PLAF!¡ZAS! ¡CRAS!
Un increíble estruendo la sacó de su tranquilidad. Salía de la cocina. Pero no solo el estruendo salía de allí también lo hacía a la vez un hombre menudo seguido de una mujer armada con un puñado de acelgas en las manos.
-¡¿Pero dónde te crees que vas?! No puedes destrozarme la cocina y largarte así sin más, no puedes dejarme tirada -le gritó.
-¡¿Que no puedo?! ¡Mírame! -dijo quitándose el mandil y arrojándoselo a la cara.

La mujer se quedó mirada pasmada cómo el hombrecillo iba alejándose murmurando. Observó la sala casi llena y el delantal en el suelo. Estaba paralizada y no podía reaccionar.
Instintivamente Lupe se levantó y se dirigió hacia ella. Recogió el mandil y se lo ofreció pero ella seguía sin reaccionar sólo hablaba entre dientes.
-¿Y ahora qué hago? ¿Qué hago?
El camarero se acercó a ellas y trató de sacarla de su estupor.
-Martina, por favor, reacciona. Sabes que esto se pondrá a tope en un rato. Hoy comienzan las fiestas, ¡Martina por favor! -y la zarandeó por los hombros.
Aquello la hizo volver en sí.
-Para hombre, ya estoy bien. Sólo tengo que trazar un plan. Habrá que cambiar la carta y el menú. Preparar platos menos elaborados. Al menos hasta que encontremos a alguien que nos ayude.
-Ya la habéis encontrado -Lupe ni siquiera sabía por qué había dicho eso. Nunca le había gustado cocinar aunque siempre había tenido buena mano.
-¿Y tú quién eres? -preguntó Martina impertinente.
-Es solo una clienta -respondió Luis, el camarero.
-Soy tu salvación. En un rato tendrás esto lleno, ¿no? Yo puedo ayudarte durante esta comida y luego ya , si quieres, hablamos.
-Ven conmigo. ¿Sabes pelar patatas? -dijo mientras le lanzaba el mandil.


Diez años después Lupe estaba sentada en un banco en la plaza. Los rayos de sol acariciaban su piel y se sentía viva. No habían sido años fáciles pero sí habían sido años felices, los mejores de su vida. Se había encontrado a sí misma, una familia y un amor. Desde la puerta del restaurante Luis la llamó.
-Venga holgazana que hoy empiezan las fiestas y hay mucho que hacer.

Entró en el restaurante y allí estaba Martina dando de comer al pequeño Pablo mientras Elena correteaba de un lado para otro.
-¡¡Mamá!! -dijo la pequeña lanzándose a los brazos de Lupe. Con ella en brazos caminó hasta Martina y la besó en los labios dulce y apasionadamente.


viernes, 14 de septiembre de 2012

CUENTOS DE AMOR, DESAMOR Y OTROS MALES -LOURDES


LOURDES



Ya habían pasado dos años desde que acabó su relación con Juan. Habían sido dos años muy duros, en los que le había costado mucho superar todo lo sucedido pero por fin, creía, había pasado página.

Nunca se hubiera podido imaginar que algo así podría sucederle a ella. Siempre había sido una mujer activa e independiente, nunca había supeditado su vida a la de ningún hombre. Hasta que conoció a Juan.

Se encontraron por primera vez a la salida de una exposición sobre Miró que se había organizado en el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad. Diluviaba y ambos se refugiaron bajo los soportales cercanos. Comenzaron a hablar, se gustaron y Lourdes le invitó a una copa.

Pocas semanas después ya convivían en casa de Juan. Lourdes canceló su alquiler y se mudó con él. Los primeros días fueron propios de un cuento de hadas. No supo cuándo empezó a cambiar la historia pero sí tenía fijado en su memoria el día en que por primera vez le puso la mano encima. Y también tenía grabado en su memoria que ella no hizo nada. Plantada frente a él se le quedó mirando y comenzó a sollozar quedamente. De inmediato, Juan la abrazó y se deshizo en disculpas. Besos, abrazos y la cama sellaron la reconciliación y no volvió a pensar en aquel primer golpe hasta que, meses después, llegaron más golpes. Ahí se inició una espiral de violencia de la que se vio incapaz de salir. Al final tuvo que agradecerle a Juan que se enamorara de otra y la echara de casa. Durante días, semanas le siguió y persiguió suplicándole una segunda oportunidad y no recibió de él más que burlas, desplantes y algún que otro empujón. Tuvo suerte y uno de esos días su amiga Mónica observó todo lo que sucedía. Corrió hacia ella y la recogió del suelo. Fue ella la que la ayudó a salir del pozo, la que le metió en la cabeza que aquello no era normal, la que la acompañó a reuniones de un grupo de apoyo de mujeres que habían pasado por situaciones similares. Vivieron juntas por espacio de año y medio durante el cual Mónica se ocupó plenamente de ella. Pero hacía apenas un par de meses que Mónica se había ido, una oferta de empleo irrechazable la había obligado a trasladarse a Canadá.

Lourdes no se vio con fuerzas de quedarse en la ciudad. Pidió un traslado y se marchó a otra ciudad; alquiló un pequeño apartamento e inició una nueva vida allí. Apenas llevaba un par de meses allí cuando conoció a Adrián. Le gustó pero todo lo que le había sucedido con Juan le hacía andarse con pies de plomo. Durante semanas apenas sí se veían una vez a la semana y no había más que besos furtivos. Adrián en todo momento se había mostrado comprensivo y nunca le había exigido ninguna explicación ni ningún reproche había salido de sus labios. Lourdes comenzó a sentirse cómoda con él, comenzó a sentir que podía fiarse de él y así poco a poco iniciaron una relación que Lourdes consideraba como noviazgo.

Una noche, un sábado, salieron a cenar. Decidieron encontrarse en el restaurante. Un breve saludo y se sentaron a la mesa. El camarero les tomó nota. Juan dijo:



-¿No te parece que ese vestido es muy escotado?



Lourdes no respondió, sin apenas mirarle se levantó de la silla y salió del restaurante no sin antes advertirle:



-Esto se acabó. No vuelvas a llamarme.

martes, 31 de julio de 2012

LA PELI DEL FINDE


AVANTI!

Comedia romántica protagonizada por Jack Lemmon y Juliet Mills y dirigida por el genial Billy Wilder  en 1972. En español esta película se tituló como ”¿Qué pasó entre tu madre y mi padre?” pero el título original es “Avanti”. Una película encantadora, fácil de ver  y con una banda sonora magnífica, la canción “Senza fine” interpretada por Bertini Paoli    es una delicia. Película tremendamente recomendable para las largas tardes calurosas del verano, echada en el sofá y saboreando un café con hielo y una rodaja de limón. 

Esta es una de las pelis que te dejan un buen sabor y una sonrisa en los labios. 


¿Qué pensáis de las viejas películas? Personalmente me encantan y hay algunas que no deben dejarse de ver. Creo que voy a ir recomendando algunas que me apasionan, y me comentáis que os parecen. Aquí comienza una serie de “oldies”. Espero que os gusten.

jueves, 19 de julio de 2012

CUENTOS DE AMOR, DESAMOR Y OTROS MALES - REGINA


REGINA 
Estaba cubierta de sudor. Había estado corriendo y su cuerpo reflejaba el esfuerzo que había realizado. El pelo todo enredado y cubierto de polvo, había perdido el brillo que normalmente tenía. Pensó que debía arreglarse pero primero tenía que descansar. 
Se acurrucó en su rincón preferido fresco y en penumbra. Lentamente su cuerpo se fue relajando y los músculos, antes en tensión, iban recuperando su flexibilidad. 
Estiró sus miembros simulando a un gato, aunque este pensamiento le produjo un escalofrío. Odiaba a los gatos. No podía resistir su presencia, incluso su olor le resultaba repugnante. 
Desechando estos pensamientos, entrecerró los ojos y se recreó en lo que esa noche podía suceder. Si se arreglaba bien, ésta podría ser su noche. 

Llevaba varios días buscando lo que toda hembra desea, un buen macho, fuerte y musculoso con un precioso par de ojos negros que te mirasen con un poco de desafío, que con una simple mirada te tuviesen a su merced. Sentir sus fuertes miembros alrededor de tu cuerpo, sentir su peso, su olor. Si, un macho así era lo que ella deseaba.

 Ahora lo sabía y su naturaleza de hembra pedía a gritos que se le complaciese.
 
De un salto lleno de vitalidad recobrada ya del cansancio, se dispuso a arreglarse. Se miró las manos y lo primero que vio fue la cicatriz que en forma de media luna le cruzaba dos dedos y el dorso de la mano. Aún recordaba con dolor el accidente que pudo costarle la vida pero que, gracias a su buena forma, sólo quedó en esto, una cicatriz.

Arrugó la nariz, espantando los dolorosos recuerdos. 

Se lavó la cara con cuidado deteniéndose en el arco de la cejar. Debía estar perfecto, a Regina le gustaba así. El pelo le tomó algo de trabajo, pues tenía un pequeño remolino en la parte alta de la cabeza que siempre le daba problemas, pero la insistencia de Regina venció en la batalla y al final el pelo esta brillante, limpio y en su sitio.

Dio unas vueltas sobre si misma mirándose y dándose por fin el visto bueno. Estaba perfecta.
 
Era el momento. La noche había caído sobre la ciudad y en los más recónditos rincones se daban cita las pasiones.

Regina se asomó a la calle percibiendo el hálito cálido de la noche.

Un grito espantoso estalló a su espalda, haciendo que Regina volviese la cabeza llena de temor.

-"Sólo era una mujer"- pensó con indiferencia - Siempre gritan cuando me ven, la verdad, no entiendo que tienen en contra de las ratas.

viernes, 15 de junio de 2012

LA PELI DEL FINDE

Este finde de nuevo una trilogía. ¿Quién no ha visto alguno de los films que componen la saga? 
Yo reconozco que me llevaron a rastras al cine al ver la primera pero las otras dos Navidades las fuimos a ver como parte de una de nuestras tradiciones.
Si tuviera que elegir una de las tres películas me quedaría sin duda con la segunda "Las dos torres", que es la más romántica para mí.
Ahora contadme, ¿os gustó? ¿Con cuál de las tres os quedaríais?

lunes, 21 de mayo de 2012

CHRISTMAS SUN 10


Los preparativos para el festival navideño habían comenzado. Las clases de matemáticas, ciencias y lengua habían dejado paso a un trabajo mucho más divertido para los niños y niñas. Se afanaban en realizar todos aquellos pequeños adornos que iban a decorar el pequeño salón multiusos, que igual servía de gimnasio que de salón de reunión para los padres a principios de curso.

Roberto iba de un lado para otro, sin parar un minuto. Un grupo se dedicaba a realizar pequeños pompones de papel maché que luego colgarían del techo, otro grupo hacía cadenas de colores con pequeñas tiras de papel de cartulina, otros recortaban estrellas que luego recubrían con papel de aluminio para que pareciesen de plata, y así poco a poco los adornos iban tomando forma. Por las tardes ensayaban el pequeño teatro que iban a hacer festejando la natividad del niño Jesús.

Roberto montaba con unos cuantos troncos lo que iba a ser el pesebre y donde se desarrollaría el pequeño teatro. Subido a una escalera y martillo en mano, clavaba los grandes clavos que sujetaban la estructura.

Asunción entró en la escuela, sin saber muy bien a donde dirigirse pero el jolgorio y las risas de los chavales le señaló el camino. Allí estaban, poco más de una veintena de niños y niñas de distintas edades sentados en grupos y cada uno realizando una tarea distinta. Se apoyó en el quicio de la puerta, sin saber muy bien qué hacer, hasta que vio al fondo a Roberto, subido a una escalera no muy segura, dando martillazos. Se quedó mirándolo por unos instantes, ahora no llevaba el mono de trabajo, sino unos vaqueros, que no le quedaban nada mal, una camiseta negra y una camisa de franela de cuadros desabrochada y con las mangas arremangadas hasta el codo, ¡la verdad es que estaba realmente atractivo! El pelo rizado le caía sobre la frente y, como siempre, parecía que no se había peinado, de todas formas no le hacía falta. Asunción pensó que le gustaría enredar sus dedos en aquellos rizos y acariciar…

-¡Asunción, has venido! –un grito fuerte la sacó de su ensoñación.

Todos se giraron a mirar a aquella mujer tan guapa que estaba en la puerta y que no conocían. Asunción caminó despacio entre las mesas, admirando lo que los niños estaban haciendo, mientras se dirigía hacia donde Roberto se encontraba. Bajando de la escalera estuvo a punto de caerse, lo que fue coreado por una carcajada colectiva.

-Esta escalera es un peligro, algún día me romperé la crisma, aunque la tengo muy dura ¿verdad chicos? –dijo Roberto uniéndose a las risas de los demás.

-Vamos a descansar un rato, sacad los almuerzos y salid al patio a jugar. Luego seguimos –les dijo a los niños, que se levantaron rápidamente, porque aunque la tarea de hacer adornos había roto la monotonía de la escuela, salir al patio a jugar y correr era lo que más les gustaba.

Roberto cogió su mochila que estaba en un rincón, y se acercó a Asunción.

-Siéntate, estás en tu casa –le dijo.

-Muchas gracias, profe, pero no he traído almuerzo –dijo ella sonriendo.

-Vale, por ser buena y haber venido, compartiré el mío, pero que conste que esto lo hago sólo por esta vez, la próxima te quedas sin comer –dijo bromeando Roberto, mientras sacaba un termo y una bolsa de madalenas caseras.

Sirvió una taza de café con leche a Asunción mientras él bebía directamente del termo. Asunción pensó que aquello sí que era café y no lo que bebía en Nueva York.

-Coge madalenas, están riquísimas. Me las hace expresamente la señora Angelita, creo que me ve muy delgado y quiere que engorde –los dos rieron al unísono.

-Bien –dijo ella –aquí me tienes, estoy dispuesta a echar una mano, sólo tienes que decirme exactamente qué quieres que haga.

-La verdad es que no sé muy bien lo que quiero. Aquí vamos a hacer el festival, ya sabes, muy tradicional, el Belén, adornos y todo eso. Al fondo junto al pasillo pondremos unas mesas donde los padres y las madres de los niños traerán distintas viandas navideñas, mazapán, turrón casero, polvorones. Pedro, el dueño del ultramarinos, traerá su orujo especial navideño, espero que se pueda beber sin padecer una úlcera de estómago, también habrá sidra casera, zumos para los críos, en fin un atracón de comida en toda regla –explicó Roberto, mientras Asunción asentía en silencio, encontrándose con aquellos ojos que la cautivaban y escuchando su voz que le infundía un estado de paz. Aquel hombre le atraía mucho más de lo que ella quería admitir.

-Vale, déjame pensar lo que puedo hacer. Mañana vengo y me pongo a la tarea. ¿Te parece bien? –dijo Asunción tomando el último sorbo de café.

-Me parece bien, pero ¿tengo que esperar hasta mañana para volverte a ver? –dijo Roberto mirándola fijamente con un punto risueño en sus ojos.

-Bueno… esto no es Nueva York, así que estoy convencida de que si pones algo de empeño me volverás a ver de nuevo unas… veinte veces –contestó Asunción con un tono pícaro en su voz. Se levantó y anduvo hacia la puerta, deseando no tropezar o resbalar de nuevo, porque estaba segura que Roberto le seguía con la mirada.

-Gracias por el almuerzo, mañana invito yo –dijo Asun sin girarse alzando la mano en señal de despedida.

Roberto se quedó allí sentado pensando en Asunción, era la primera mujer que le había interesado, la primera a la que había mirado desde la muerte de Carmen.

El tiempo que había transcurrido desde el desgraciado accidente, la soledad en la que había vivido habían mitigado el dolor por la pérdida, y el sentimiento de culpa se había diluido como si aquello hubiese sido un error del destino por el que tenía que pagar dejando en su corazón un vacio que jamás podría recuperar. Carmen y Alba estarían siempre con él, en sus recuerdos, en sus sueños, en sus noches de insomnio, pero por primera vez desde entonces, estaba sintiendo algo parecido al enamoramiento con aquella mujer altiva que había aparecido en su vida y que despertaba en él sentimientos y deseos olvidados.

Se levantó de la silla, salió al patio y llamó a los niños, dando unas palmadas.

-¡Vamos! ¡Se acabó el juego, debemos continuar! –les dijo. Mientras entraban, Roberto les tocaba la cabeza a uno, le acariciaba el pelo a otro, al más pequeño le dio un pequeño pellizco en la nariz… Aquellos niños significaban mucho para él, eran como sus hijos, como si viéndoles crecer, pudiera reconocer el espíritu de su hija Alba creciendo entre ellos. Aquello era su alegría y, aunque pensó que su destierro a aquel pueblo perdido iba a ser su tumba, se equivocó, ya que por el contrario, aquellas gentes sencillas y aquellos niños le habían devuelto la esperanza en el futuro y, en ese futuro, ahora también veía a Asunción.

No se encontró con ella, aunque la buscó durante toda la tarde.



Al día siguiente a las nueve de la mañana Asunción apareció en el colegio con varios paquetes.

Sonrió al ver a Roberto que le sonreía a su vez.

-No te vi… -empezó él.

-Me escapé –contestó ella guiñándole un ojo.

Una de las cajas contenía un árbol navideño de los que venden en los grandes almacenes y que se montaba pieza a pieza.

-¡Pero mujer, si aquí hay montones de pinos! –dijo Roberto asombrado.

-Ya, pero hay que cortarlos y luego se mueren, así que este nos durará un montón de años, además no es un pino, es un abeto ¡listillo! -dijo muy digna.

La otra caja contenía adornos, tiras de perlas de colores, bolas, copos de nieve bañados en purpurina que reflejaban la luz y otros muchos adornos.

-Ayúdame –dijo Asunción –necesito tu escalera y que la sujetes bien firme.

Cogió una ramita de muérdago y con ayuda de la escalera subió hasta alcanzar el quicio superior de la puerta de entrada y, allí la clavó con una chincheta. Cuando bajaba con cuidado de la escalera, ésta se tambaleó y Asun perdió pie, aterrizando en los brazos de Roberto.

Así abrazados, mirándose a los ojos a pocos centímetros, Asun le dijo.

-Esto es una ramita de muérdago, la tradición dice que cuando en Navidad dos personas

se encuentran bajo la rama deben darse un beso…

-Entonces, sigamos la tradición –dijo Roberto acercando su cara a la de Asun y la besó en los labios. Fue un beso dulce, sintiendo la calidez de sus labios, la textura de su piel. Un beso largo, Roberto la retenía entre sus brazos y ella poco a poco había enlazado los suyos alrededor del cuello de Roberto.

Unas risitas contenidas los sacaron de su momento. Los niños a duras penas podían dejar de reír al ver a su profesor con una mujer en brazos y besándose como en las películas.

Se separaron despacio, mirándose a los ojos.

-Perdona, yo no quería…-dijo él un poco azorado.

-Tenemos que quedar más a menudo en esta puerta. Me gustan las tradiciones, pero ésta ha sido una de las más bonitas que he vivido –dijo ella suavemente- y, por favor, serías tan amable de dejarme en el suelo. Me siento un poco tonta, aquí en tus brazos, con todos los niños riéndose de mí.

Roberto la soltó, sintiendo que aquel abrazo acabara y deseando que sólo existiese esa puerta con el muérdago clavado en su quicio, y justo debajo de él, encontrarse con Asunción a cada momento del día.

Siguieron los trabajos y cuando se fueron colgando aquel triste salón se llenó de color y alegría. Las estrellas colgaban de las vigas de madera del techo, alrededor de las ventanas festoneaban las cadenas de colores. En un rincón el gran árbol se iba llenando de adornos. Los niños se lo pasaban en grande. Roberto miraba a Asunción de hito en hito y rememoraba el beso una y otra vez. Asunción miraba de reojo a aquel hombre despeinado que la había besado con tanta ternura y que era incapaz de apartarlo de su pensamiento.

Cuando llegó la tarde, los niños se fueron a sus casas mientras Roberto y Asunción cerraban los botes de pintura, limpiaban los pinceles y barrían los recortes de papel que habían quedado abandonados en el suelo.

Cuando acabaron Asunción se puso el chaquetón y comenzó a salir del salón, Roberto la llamó.

-¡Asunción, espera! –ella se paró y se dio la vuelta mientras Roberto recogía la mochila y en unas zancadas se plantó delante de ella.

-La tradición, ya sabes… -dijo él.

Entonces fue cuando Asun se percató de que se había parado justo debajo del muérdago. Él la rodeo con sus brazos dejando caer la mochila al suelo, acercándola contra su pecho; ella le rodeó la espalda con uno de sus brazos, mientras el otro se apoyaba en el hombro de Roberto. Éste agachó la cabeza para encontrarse con los labios de Asunción que le recibieron con la misma calidez que antes, pero con el deseo de que aquel beso fuese único, inigualable. Ella le acarició la nuca y al fin pudo enredar sus dedos en los rizos de su pelo. Entreabrió los labios encontrando la boca de él, ansiosa por conocer su sabor, sus lenguas se encontraron y acariciaron curiosas, y buscaron el placer del primer beso hasta quedar casi sin aliento.

-Asun, te deseo…-dijo Roberto atrayéndola más hacia él, si aquello era posible.

-Aquí no, Roberto, ahora no –dijo Asunción deshaciéndose del abrazo. Le besó de nuevo -Nos vemos mañana- y salió arrebujándose bajo el chaquetón.

Roberto se quedó allí parado, ardiendo de deseo por aquella mujer que se había escabullido de sus brazos.


viernes, 25 de noviembre de 2011

LA PELI DEL FINDE

Esta semana la película recomendada es Piratas del Caribe. Estoy segura de que la mayoría la habréis visto. Sin embargo, es una de esas pelis de las que nunca me canso, ¡si hasta me compré los DVD!
En fin, para quienes aún no la hayáis visto no puedo menos que recomendarla fervientemente: es una peli de aventuras divertida, muy entretenida y para toda la familia. Además, ¿se puede estar más guapo que Johnny Deep en su papel de Jack Sparrow?
¿Cuáles son las películas de las que nunca os cansáis? ¿Cuáles habéis visto más de mil veces?

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